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RAZONAR DE LAS ARAÑAS.

Posted in Uncategorized with tags , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , on 14/02/2011 by retovueltaalmundo

Tengo una araña  en el cuarto de baño de mi barco. Llamar cuarto de baño a aquello podría resultar pretencioso a cualquiera que lo visitase, pero no lo hago por envanecerme, es una deferencia hacia la araña. La araña esta posada o a ratos pende de un hilo del grueso tubo blanco que asciende desde el depósito de aguas negras hasta el boquerel  de succión en cubierta. No parece muy ocupada y las más de las veces la descubro con sus patas recogidas bajo la esfera marrón de su cuerpo de araña color chocolate. Realmente no se que pretende colgada de allí, días y días, porque insectos o posibles presas no veo yo que circulen por mi cuarto de baño en estas fechas; y tampoco creo que se complazca en contemplar mis micciones.

Mi primer instinto al descubrirla fue naturalmente  el de aplastarla, el de arrancarla de allí de un manotazo o protegido de la repugnancia del contacto por un trozo de papel, capturarla arrojándola inmediatamente después por la borda.  Pero una reflexión me contuvo; ¿Para qué? ¿Era razonable temer algún tipo de agresión o de ataque por su parte?

Lo cierto es que no conocía su filiación como araña, aunque bien podría indagarla si me permitiera observarla con una lupa para anotar sus características e iniciar después un cotejo en algún catálogo de arañas.  El problema  es  que la bestia persiste en su actitud de replegamiento, sentada sobre sus cuatro pares de patas en la posición del loto, silente y meditabunda en su indiferente desafío a la gravedad.  Debería entonces provocarla con alguna molestia para que en su reacción se me mostrase completa;  incitarla tal vez a caminar o a lanzarse al vacio sujeta por la seda al tubo que la aloja.

Imagino que es absurdo increparle; aunque reconozco que en alguna ocasión, al agacharme para manipular el grifo de fondo o mientras accionaba el vástago de la bomba, le he dirigido la palabra sin resultado.  Pero no me ha sorprendido; no parece razonable pretender que semejante animal se muestre muy locuaz.

Albergo además la sospecha de que las arañas, en general, sean sordas; pero en el caso de la araña de mi cuarto de baño es tal la inmovilidad que la domina, tan pertinaz su apatía que empiezo a contemplar la posibilidad de que este tullida, tal vez enferma, y de no tratarse de una diminuta araña, o como argumento aún mas excluyente,  de no estar refiriéndonos a un ser vivo que ha fijado su domicilio voluntariamente en el cuarto de baño de mi barco, diríase que percibe alguna subvención o le han confiado la elaboración de algún informe.

No sé qué hacer. No sé qué es lo correcto. No me importuna como lo hacen las moscas o los feroces e insidiosos mosquitos. Aun en mi absoluta ignorancia me doy perfecta cuenta de que no es una migala sudamericana de patas y abdomen pilosos lo que se aferra a la existencia en el cuarto de baño de mi barco. Esta araña, a lo que he podido ver, se presenta perfectamente depilada y no hay nada amenazador en su aspecto;   acaso si en su terrible silencio, en su inquietante inmovilidad.

¿De qué remota noche de los tiempos proviene este terror atávico, ancestral, por estos bichos?

¿A qué jugaban las arañas con nuestros antepasados?

¿Quién cazaba a quién? Entonces.

Tal vez ese pánico inevitable a las arañas que viaja en las generaciones, grabado como el reflejo involuntario de cubrirnos el rostro ante la inminencia del golpe, como la huida ante la amenaza, no sea sino la consecuencia, la síntesis soportable de un recuerdo insoportable.

Tal vez las arañas;  más antiguas, más simples, más pragmáticas, aún lo recuerden.

Acaso lo que le suceda a la araña que habita agazapada en el tubo de plástico blanco que atraviesa el cuarto de baño de mi barco es que está aterrorizada.

Que su pánico nazca del hecho incomprensible de que aun observándola cada día no la haya aplastado.

Yo, el humano; peludo, despeinado, hirsuto pero ahora gigantesco;  tal vez en la penumbra del cuarto de baño sin ventanas, en esta otra cueva de otro tiempo…

Mi araña este, simplemente,  muerta de miedo.

Luis Miranda, a 13 de Febrero de 2011, desde el Vito

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