ORZA DESMONTADA

 
El Puma sin su orza, esta al fondo, sobre la grua.

     

Esta semana Santa por fin pude distraerme un poco de mis trabajos en otros barcos y procedí a desmontar la orza del mío. Paso este previo, junto con la retirada del motor y del timón, para poderlo trasladar al astillero.     

Empezando a retirar la fibra.

La primera tarea consistió en dejar al descubierto los cinco pernos con sus tuercas que se encuentran alojados en el fondo de la pequeña sentina* del Puma 26. Cuatro de ellos son visibles nada mas retirar la tapa de fibra que la cubre en el fondo del plan*. El quinto, el que se encuentra más a popa, en principio no se ve y deduje su existencia  tomando desde fuera del casco la medida del perfil (la orza) y las separaciones entre los pernos que estaban a la vista, porque este quinto estaba totalmente embutido en el fondo de fibra, sin sobresalir ningún abultamiento que lo delatase.     

El primero en aparecer, intacto 35 años despues.

La sentina y los pernos ya descubiertos.

De los otros cuatro asomaban sobre el fondo los muñones de fibra y masilla que los han recubierto durante 35 años.     

Al estar la sentina con frecuencia llena de agua o, al menos parcialmente porque los propios abultamientos de los pernos originan cinco huecos que la bomba de sentina no consigue vaciar del todo, ya venía  con la idea de encontrarme los pernos y las tuercas bastante oxidados y contando con la posibilidad, que daba casi por segura, de tener que cortarlos directamente con la radial.     

También contaba con el concurso de la radial para retirar los muñones de fibra, pero lo primero que descubrí fue que no cabía la herramienta por el estrecho hueco y me iba a tocar retirar toda aquella fibra a base de escoplo, cincel y martillo. Lo grave de este hecho iba a ser que todos los pernos y  tuercas apareciesen tan deteriorados como para no poder extraer sus tuercas de un modo civilizado, ya que la radial no cabía de ninguna forma. Pero no había que adelantar acontecimientos, lo primero era descubrirlos para ver como estaban.     

Ya retiradas las tuercas.

Ya a los primeros golpes paso el martillo a disfrutar de un prematuro retiro y vino a sustituirlo una contundente maceta de 2 kilos, que viene  a ser la versión “anda, déjame a mi” del estilizado y esbelto martillo de carpintero con mango de madera de haya, y que cualquier albañil conoce por ser su herramienta de mano en demoliciones de muros y tareas semejantes. Pronto le acompaño en el retiro el formón y entro en su lugar un pesado escoplo de acero de 45 cmts.     

Para lo que no tenia sustituto era para mi brazo derecho. Me llevo mas de cinco horas dejar al descubierto los cinco pernos hasta llegar a las placas metálicas que hacen la función de arandelas y dejar limpias las tuercas hasta su base. Desde luego los operarios de Inerga, el astillero de los Puma, no escatimaron en materiales. Pero el esfuerzo tuvo una inesperada recompensa. Sorprendentemente, tras 35 años inmersos en el corrosivo ambiente marino, los cinco pernos de acero inoxidable emergían brillantes e intactos del fondo de la sentina, las tuercas perfectas. Ya no era problema que no cupiese la radial.     

La orza del Puma 26 está sujeta al casco por estos cinco pernos de acero inoxidable, tres centrales de 24 m.m de diámetro con tuercas del 36 y dos más, uno a proa y otro a popa de 19 m.m con tuercas de 32, todas hexagonales.     

Atraviesan el casco a través  un quillote  macizo solidario a la quilla y de unos 60 m.m de grosor, de fibra y con la forma del perfil de la orza en su raíz.    

El siguiente paso fue conseguir unas llaves de vaso del tamaño adecuado y solidas, un alargador y una llave de carracla de buenas dimensiones. Al día siguiente, con mi amigo y tocayo Luis, fuimos a visitar a su amigo Javi, quien tiene un taller cerca del pueblo y regresamos con un juego de llaves apropiado para desmontar una plataforma petrolífera.     

La orza, ya libre de los pernos pero inamovible.

 Las tuercas, con semejante equipo y el concurso de Luis, abandonaron su alojamiento de forma civilizada y sin poner demasiados reparos. Conseguir que la orza se desprendiera ya fue otra historia. Al ser festivo no podíamos contar con el travelift* del puerto para elevar el barco como estaba previsto, así que hubo que arreglárselas con lo que teníamos.     

El barco descansa en el varadero sobre las cuatro patas de la cuna y la orza, a su vez apoyada sobre dos pilas de placas de madera, dejando el conjunto elevado del suelo 145 m.m. Había que esperar que la longitud de los pernos que penetraba en el casco no superase esa medida, de forma que al dejar caer la orza sobre el suelo quedase libre. Aun quedaba el recurso de elevar el barco unos centímetros haciendo girar el tubo roscado de las patas de la cuna.     

Una vez retiradas las placas de madera, los 1.120 kg de la orza quedaron suspendidos del quillote sujetos por el enfibrado y el adhesivo. Ni se movía. Parecía que esa orza pudiese aguantar aunque perdiese sus pernos.     

Quitado el enfibrado de la union, abriendo camino con las cuñas.

La volvimos a calzar esta vez con dos grandes cuñas que nos permitían, separándolas, regular la altura del apoyo. Una vez apoyada procedimos a retirar el enfibrado en la unión del quillote con la orza y, en la medida de lo posible, la junta de resina que aparecía visible en la unión con la ayuda de cinceles y martillo. Cuando quedo todo lo más limpio posible separamos un poco las cuñas de madera hasta dejarla otra vez suspendida en el aire. Nada. Al moverla movíamos aun todo el barco.     

Había que ser más expeditivos. Colocamos dos palets de madera, uno a cada banda bajo la orza, para acogerla cuando cayese y volvimos a recurrir a las macetas, mayos o marros, como los llaman en el pueblo de mi tocayo Luis.     

Así, con los escoplos, fuimos abriendo camino desde proa y desde popa e introduciendo pequeñas cuñas de madera en los  huecos abiertos. Haciendo palanca con todo lo que teníamos a mano. Parecía inamovible.     

De repente, un bronco crujido estremeció todo el barco y la orza descendió unos centímetros por la parte de popa pero sin llegar a apoyarse en las cuñas del suelo. Al caer solo de un extremo los pernos habían quedado atravesados en sus orificios y le impedían bajar más.    

Cae primero un poco por popa.

Totalmente suspendida.

Intentamos volverla a llevar a la horizontal acercando las cuñas de apoyo entre si pero se destruían con los golpes de las macetas sin conseguir elevarla de popa. Seria más fácil mover todo el barco. Girando las patas roscadas de la cuna pudimos bajar la popa del barco y liberar así algo la tensión en los pernos, pero la parte de proa seguía pegada al quillote.     

Luis Martinez, haciendo palanca.

Me acerque a los contenedores del varadero y encontré allí un sólido tubo de hierro de unos dos metros de largo, hueco, y de unos diez ctms de diámetro. Introduciendo en su interior el escoplo largo teníamos una buena palanca. Luis, que pasa de los dos metros y es como yo dos veces, se hizo cargo de apalancar. El escoplo, que habíamos conseguido meter entre la orza y el quillote se doblo como la goma en la primera embestida, pero abrió algo más de hueco, el suficiente para introducirlo de lado, por su sección más alta.     

Ahora sí, dos embestidas mas, un último crujido y la orza cayó sobre las dos placas de madera y se venció hacia estribor, quedando acostada sobre el palet de madera. Los pernos salieron del todo, con dos centímetros de margen. No lo supimos hasta el último momento.     

La  verdad es que sacar la orza costó mucho menos de lo que pensaba, si exceptuamos la tarea de retirar la fibra que cubría los pernos. No hizo falta la grúa y en menos de una mañana la teníamos en el suelo.     

El bicho ya rendido.

Algo sorprendente es que una vez desmontada, al golpearla, sonaba como una campana, como si fuese hueca. Desmontamos unos de lo pernos desenroscándolo por medio de dos tuercas y vimos que no, que era maciza, de fundición, como siempre había creído.  Ahora queda la tarea de retirarle el enfibrado, sanear el metal y reconstruir sus formas, pero esto ya se realizara dentro del “astillero”.    

El mismo Javier nos presto de su taller una pequeña grúa desmontable para subirla con el palet a la furgoneta, pero esta era de solo una tonelada y no la pudo levantar. La llevare en el camión que transporte el barco. La grúa nos servirá para extraer el motor, si conseguimos subirla hasta la bañera.     

Al día siguiente comencé a desmontar el timón, pero esa si que es otra historia, y demasiado larga,  ya que todavía no ha terminado, aunque creo que ya hemos descubierto todos sus secretos. Solo dire de momento que es muy dificil que un Puma 26 pierda su timon.      

Desde aquí tengo que dar las gracias a Luis Martinez, sin cuya ayuda no tendría esa orza en el suelo, y a Javi, por dejarnos sus herramientas.     

*sentina: Hueco o zona más baja de un barco donde e recogen o van a parar las aguas y líquidos que penetran en el interior. Se achica o vacía por medio de la bomba de sentina, alojada a veces en una oquedad más baja aun llamada pozo de sentina. Suele estar cerrada por arriba, en los barcos pequeños, por las tablas del plan*     

*Plan: En general, el suelo del barco.     

*Travellift: Especie de puente grúa doble, en forma de rectángulo abierto por uno de sus lados cortos, móvil, que se emplea para sacar barcos del agua, moverlos por el varadero y depositarlos sobre las cunas donde se estime conveniente.     

Luis Miranda.     

Domingo 4 de Abril, Sant Carles de la Rápita.

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8 comentarios to “ORZA DESMONTADA”

  1. Pedro "Thomas Keefer" Says:

    …y además, nosotros los aprendices de marinero del QuiSum dándote sustos y trabajo todo el fin de semana…de verdad que tu verdadero reto es hasta que salgas…un abrazo, maestro.

    • Bueno Pedro, ya no tan aprendices…Ya sabes que para mi ayudaros en lo que sepa y pueda es siempre un placer, asi como veros tan ilusionados con vuestro barco, el Qui Sum.
      Pronto nos vemos y a ver si terminamos de ponerlo a son de mar.
      Un abrazo.
      Luis Miranda.

  2. Fausto Says:

    Luís, fantastico reportaje. Un trabajo duro con buenos resultados. ¡Vaya peligro que tiene esa orza de fundición! 🙂

    • Gracias Fausto, ya menos, ya esta mas domada.
      Aun le falta algo al “reportaje”, como lo llamas, y es que consegui grabar un video con el instante de la caida, pero no consigo subirlo.
      Seguire probando.
      Un abrazo.
      Luisa

  3. pppitillo Says:

    Hola Luis, muy buen reportaje.
    A la vista del mismo, como sabes yo estoy en pleno proceso de mantenimeinto de mi Puma 26 y dudaba de si desmontar o no la quilla.
    Visto que con 35 años los pernos estaban bien y todo monolítico, lo que haré es sanear los puntos de óxido pero sin desmontar.
    Por cierto, ¿luego vas a enfibrar o dejarás la orza con el tratamiento/reparación que le hagas?. Lo digo porque yo al menos tengo la orza enfibrada ¿y la tuya?.
    Y como te comento a través del Club Puma, para el del timón si quieres me mandas las fotos y el texto y yo lo cuelgo en el Club.
    Ánimo y adelante.

    • Aun queda mucho que hablar y descubrir de esa orza, hay mucho trabajo que hacer y lo ire describiendo con detalle.
      La mia esta enfibrada, como todas las de Puma 26 que he visto. Para un uso normal del barco y si el agua ha penetrado entre el enfibrado y el metal y hay ya manchas de oxido, yo soy mas bien partidario de retirarla, tratar adecuadamente el hierro y llevarla pintada. Pero depende de otras cosas tomar una decision u otra. Si el enfibrado esta intacto y no hay oxido…
      En mi caso, y dado el especial trabajo que va a llevar y la necesidad de dar forma y afinar el perfil, lo mas probable es que la enfibre de nuevo. Pero como te decia antes, este es un caso un poco especial.
      Estaremos en contacto.

      Un saludo.
      Luis Miranda.

  4. Hola Luis,
    estaba leyendo este tema y en seguida he pensado en los pernos de mis quillas , mucha gente dice que por fuera pueden parecer sanos pero luego por dentro están podridos…,
    Lo que he visto de tus pernos es que están sanos con 35 años. Y por tanto me dá esperanzas de que los míos estén bien. Pero hiciste bien en asegurarte de que esté todo OK!!!
    Gracias por compartirlo.

    Eva-K Bohemia

    • De nada Eva, seguiré publicando todos los detalles de los trabajos en el barco.
      La verdad es que yo tambien quedé sorprendido. Mas tarde, extrayendolos del todo, vimos que eran de un acero excelente y estaban muy bien mecanizados. En mi caso estoy obligado a ser meticuloso hasta lo insoportable.
      Creo que, aun en circunstancias normales, no esta de mas descubrir alguno para ver de que material son y examinar indicios, como alguna fisura entre la orza y el casco, que nos puedan indicar una posible filtración y corrosión del perno por su parte inferior si fuesen de hierro.
      Gracias por tu comentario y recibe un abrazo.
      Luis Miranda.

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